Esta es mi Historia

Publicado por Mónica Flores en

Quiero compartir contigo mi historia, mi fuente de inspiración y motor para hacer lo que hago.

Soy madre de un niño que llegó a nuestras vidas después de 8 largos años de espera, tras 2 años de trabajar con la firme determinación de hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para quedar embarazados. Por ello, el primer trimestre de gestación fue intenso, entre la esperanza y alegría por informarme sobre cómo iba creciendo en mí ese pequeño y tan anhelado nuevo ser, investigando, leyendo y documentándome sobre cada etapa de su desarrollo, pero a la vez con ansiedad provocada por el fuerte deseo de que esta vez sí pegara, guardando en esta ocasión absoluto reposo por recomendación médica y además en bajo perfil por si acaso no pegaba, para que no tuviéramos que lidiar con condolencias y muestras de simpatía que sin duda hacen más dura la pérdida y el manejo de la ilusión que quedó trunca para seguir adelante intentando hallar fortaleza para continuar.

 

Tener luz verde para lanzar las campanas al vuelo y anunciar que nuestro bebé venía en camino, ha sido uno de los eventos que más alegría ha dejado en mi vida y se convirtió en motor para cumplir con anhelos que no tenía idea que estaban allí: desde comprarme ropa de maternidad para “lucir mi panza” con orgullo y gran satisfacción, hasta mejorar mi alimentación, buscar ropa para el bebé, preparar su moisés, diseñar y acondicionar “su cuarto” y preparar el babyshower. Sin embargo, el que ahora sé que es, ha sido y seguirá siendo mi mayor anhelo es ver a mi hijo feliz, viviendo desde la plenitud, completamente sano en todos los aspectos de su vida.

Cuando supe que amamantar es más que sólo alimento, se instaló en mí el enorme deseo de vivirlo, aunque honestamente me horrorizaba la idea de llegar a los 2 años o más y pensaba que con 6 meses era más que suficiente, aunque francamente, la yo de aquel entonces ni siquiera se había puesto a pensar por qué lactar a un niño de 2 años me resultaba grotesco y/o por qué con 6 meses era más que suficiente.  Pero la sabiduría detrás de la llegada de mi hijo se ha hecho presente en cada evento y etapa que vivimos, teniendo como eje de todo lo que mi ferviente deseo de ofrecer lo mejor de mí para que viva feliz, sabiéndose amado y aceptado incondicionalmente, dichoso de aportar sus talentos y dones, colaborando y compartiendo desde la plenitud.

Al principio, dentro de los puntos que más me preocupaban en aquel entonces estaban:

  • ¿Qué tal si el parto me tomaba por sorpresa y no podía llegar al hospital a tiempo?
  • Tenía urgencia por comprar todo lo que el bebé iba a necesitar así como adecuarle su cuarto para que pudiera dormir en un lugar hermoso, cálido y arreglado con mucho amor.
  • Tener “buena y suficiente Leche”, aunque como era niño y los niños comen más, quizás no iba a lograrlo.
  • Estar a la altura de la “gran responsabilidad” que implica estar día y noche al pendiente de mi bebé, qué pasaría si no lograba “aguantar” toda la noche en vela, todo el tiempo que mi bebé lo necesitara?

Gracias a la líder de La Liga de La Leche que me acogió en el grupo y ahora se ha convertido en mentora, guía y amiga, logré establecer la lactancia con alegría y descubrí que mis temores eran infundados, porque sólo en rarísimas excepciones de origen no es posible amamantar. Sin embargo, la vida me tenía sorpresas que se convirtieron el motor para buscar recursos y herramientas para enriquecer mis habilidades, conocimientos y destrezas, abriendo el portafolio de recursos incluida la certificación como Consultora de Lactancia IBCLC.

Dentro de los múltiples retos que viví amamantando por más de 3 años, algunos de los más intensos están:

  • Recomendaciones médicas para usar medicamentos de adulto en dosis pediátricas para tratar cólicos, llanto de origen “desconocido” y reflujo, incluido diagnóstico con medio de contraste que tenía que mi bebé tenía que tomarse para hacerle un estudio. Situación que se resolvió sin estudio ni medicamentos, sólo trabajando en mi alimentación, suprimiendo la administración de medicamentos antireflujo, anticólico y hierro que de modo sistemático se administran a bebés amamantados.
  • Recomendación de destete a la edad de 6 meses porque yo padecía de terribles dolores de cabeza sin causa pese a todos los estudios de laboratorio, por lo que la única “variable” que había que descartar era que yo seguía amamantando a un bebé de 6 meses, cuando la “leche ya no era benéfica para él ni para mí”. Por supuesto no desteté como sugerido por los médicos y se resolvió cuando la kinesióloga identificó y trató parásitos en mi cerebro que no aparecían en pruebas de laboratorio.
  • Intoxicación y retención de líquidos en mi bebé de 4 meses cuando el pediatra recomendó darle antibiótico porque veía una “ligera” irritación en sus oídos, para prevenirle otitis media.
  • Debido a la sensibilización creada por el uso de fórmula durante el nacimiento, la administración de hierro, y medicamentos en dosis pediátricas para “tratar” el reflujo y los cólicos en el primer mes, sumado a las reacciones que provocó el antibiótico para prevenir infección en el oído, mediante kinesiología holística, se detectó que mi hijo tenía un hongo que lo hacía altamente reactivo a ciertos alimentos, entre ellos el gluten, por lo que seguimos trabajando en mi dieta de modo que mi leche materna era lo único que le permitió terminar la maduración, reparar el sistema gastrointestinal y recibir lo que sea que necesitara para estar bien. La integración a la dieta familiar se llevó a cabo con pruebas kinesiológicas para determinar qué alimentos ya podía su procesar su cuerpo y cuáles no. Gracias a la leche materna y a este procedimiento, mi hijo no es celiáco.
  • Cuando entró al kínder, nos enfrentamos con la triste realidad de que sistema educativo no está siempre capacitado para detectar a niñ
    os con aptitudes sobresalientes y menos para trabajar con ellos, de modo que mi hijo fue diagnosticado con desorganización postural, déficit de atención y problemas de conducta. Gracias a que lo amamanté y que la intuición y el vínculo se fortaleció en conjunto con todo lo que estaba estudiando sobre este sistema de acompañamiento, tenía la certeza de que mi hijo no tenía déficit de atención o hiperactividad, porque era capaz de concentrarse en activi

    dades que requerían mucha concentración. Ciertamente había situaciones en las que algo estaba ocurriendo pero no identificábamos por qué y tampoco lo sabían los terapeutas. Por ello le diagnosticaron desorganización postural. Después de 6 años, llegó a nuestra vida una terapeuta de integración neurosensorial que nos explicó que nuestro hijo era kinestésico, es decir, su canal de comunicación y aprendizaje era el sensorial, por ello los “problemas” de conducta eran reacciones y/o estrategias de adaptación que lamentablemente estaban intentando ser sancionadas, pero que gracias a la autoestima que se había logrado mediante la lactancia él no tenía problema en manejar.
  • A los 8 años, fue diagnosticado con sobredotación, saberlo fue un bálsamo que dio sentido a todo lo que habíamos vivido.

 Fueron meses muy intensos llenos de muchas emociones que me permiten comprender lo que una familia vive cuando la llegada del bebé está muy lejos de ser lo que toda mamá tiene en mente tras el nacimiento: amamantar es “lo natural”, pero a la vez, con miedos, producto de ideas subliminales infiltradas en la mente que nos llevan tener “la esperanza de que nuestra leche sea buena, suficiente” y que logremos estar a la altura del mega reto que implica esta etapa, en la que parece cuesta arriba atender a un bebé que nos requiere 24x7 todo el tiempo, como si esto no hubiera pasado cuando lo estábamos gestando.

 

 

 

 

 

 

 

  

El proceso aún continua, porque por supuesto, como imaginarás, hemos tenido que manejar muchas cosas, enfrentarnos a situaciones para las cuales la mayor parte del sistema en que vivimos no está preparado, porque lo que ahora se considera “normal”, no es en sentido estricto la norma que la naturaleza estableció pero es parte del entorno en el que elegimos vivir, consciente o inconscientemente.

 Sin embargo, viendo en retrospectiva, me parece muy interesante descubrir que de algún modo, tenía la noción de que amamantar es tan natural como respirar, sólo que nunca consideré siquiera la idea de que el estilo de vida actual nos ha llevado a callejones sin salida, en donde todo ese “arregla” encendiendo y/o apagando botones, de modo que si el bebé llora, seguro es que algo anda mal  o le duele y para prevenir, mejor se le da medicamento, cuando el llanto es su forma de comunicación y el rol de la madre es terminar la gestación en brazos, con lo cual es posible ayudar al bebé a conocer su cuerpo, las emociones, desarrollar el lenguaje y el vínculo, gracias al cual es posible crecer y madurar en familia.

 Ser madre me ha ayudado a descubrir y gestar a la mujer que no tenía idea siquiera que existía, me ha empoderado y llevado a emprender faenas que jamás pensé que sería capaz de siquiera comenzar. Ha sido un extraordinario recurso para pulir mi espejo y sanar mi pasado, me ha llevado a descubrir la enorme dicha de atreverse a ser auténtica, libre y comprometida con mi esencia, con lo que amo.

Me ha dado la fuerza para vivir como pienso en vez de acabar pensando como vivía y eso quiero para mi hijo y para cada familia que tengo el privilegio de conocer y me honra con su confianza.

 Trabajo con el deseo que mis tropiezos, angustias, anhelos, conocimientos y experiencia sirva para que la madre viva su maternidad como un extraordinario mecanismo para asumir las riendas de la salud y bienestar que trasciende el momento del nacimiento, sabiendo que amamantar es en realidad un sofisticado y asombroso SISTEMA que, además de alimentar el cuerpo, provee sustento, estructura y un método eficaz de adaptación gradual a la vida extrauterina, de modo que va cubriendo minuciosamente etapas de desarrollo y maduración acordes a nuestra especie, naturaleza, vida, estilo y valores de la familia! Por tanto, cada etapa que no se cubre, se altera, se omite o modifica tiene repercusiones a mediano y largo plazo, a nivel anatómico, fisiológico, bioquímico, personal y social; seamos conscientes o no de ello. Por el contrario, cuando se establece con información y conciencia, expande nuestra visión e intuición para acompañar el desarrollo y maduración desde el sosiego y la dicha y sus efectos involucran no a nuestro bebé, sino que tiene efecto en nosotras mismas, en la familia y el entorno, se convierte en motor, fuente de inspiración, nos empodera e impulsa a trabajar puliendo nuestro espejo y sanando el pasado, despierta en nuestro interior la fuerza de nuestra esencia femenina para emprender la más hermosa y sublime de todas las aventuras: la maternidad, actividad y rol que involucra alma, mente y cuerpo.

 Deseando que tu entorno este siempre perfumado con la fragancia de tu ser, de esa tú cuando piensas y/o estas con tu bebé, tengo la certeza de que al paso del tiempo habrás descubierto a la extraordinaria Mujer que tu hijo eligió!

Mónica L. Flores, 

 


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