Descubre por qué los bebés no deben usar almohada

Los bebés no deben usar almohada porque la constitución de su cuerpo, aunque a simple vista parezca que sí, no es igual a la de los adultos de su especie. Los bebés no nacen fuertes como para que después de pocas horas se encuentren listos para caminar, correr, alimentarse y sobrevivir por sí solos.

Ellos necesitan protección y cuidados extremos que les garanticen no solo su bienestar, sino también su salud.

 

La almohada en la cuna del bebé. Un peligro latente

La almohada en la cuna del bebé es de esos elementos que pueden poner en peligro su bienestar.

A diferencia de lo que algunas madres consideran: “mi hijo está más protegido de darse golpes con las barandas de la cuna si está rodeado de almohadas”; las almohadas o cojincitos que rodean al bebé lo ponen en riesgo.

Los recién nacidos son débiles, sus movimientos son escasos, lentos y suaves. Ellos todavía no tienen la fortaleza necesaria como para girarse solos sobre el colchón o agarrar las cosas.

Sus habilidades psicomotrices son primitivas, pero, precisamente por eso es que las almohadas dentro de la cuna de los recién nacidos resultan tan peligrosas.

Si en cualquier descuido una de ellas cayera encima de la carita del bebé este sería incapaz de quitársela de encima y, a no ser, llorar (si es que puede) para que su mamá venga a socorrerlo, no tendría ninguna otra arma para evitar la asfixia.

En el caso de los bebés más grandes el peligro no es menor.

Como ya son capaces de tomar las almohadas y sostenerlas encima de ellos, virarse en la cuna y hacer muchas otras peripecias, también pueden estar en riesgo.

La almohada como símbolo de ¿comodidad?

Para los adultos dormir con una almohada puede simbolizar que se duerme de forma cómoda. De hecho, realmente muchas personas desarrollan cierta dependencia de sus almohadas hasta el punto de que no pueden conciliar el sueño sin ellas.

Sin embargo, para los niños pequeños no es igual y lejos de resultar confortables para su descanso, dormir sobre almohadas, puede traerles varios malestares.

Cada bebé es un milagro único e imposible de repetir

-Anónimo-

Mamá, debes saber que las proporciones del cuerpecito de tu bebé no son iguales a las de los adultos.

Los niños nacen con una cabeza más grande en proporción al resto de su cuerpo. Su cuello es corto y cuenta con una musculatura aun débil que necesita fortalecerse a medida que se ejercita y alcanza ciertas habilidades.

Ese cuello que en las primeras etapas es incapaz de sostener la cabeza (control cefálico) debe contar con la movilidad suficiente para desarrollarse y no estar limitado por la suavidad que le ofrecen las almohadas.

El cuello necesita alcanzar su curvatura natural a medida que el bebé crece.

Los bebés no deben usar almohada

Mamá, cuando acuestes a tu pequeño en su cuna esta debe estar libre de cualquier elemento que pueda poner su vida en peligro, sobre todo, cuando vas a dejarlo solo por unos momentos.

Las almohadas, los peluches grandes, los móviles colgados encima de su cabecita… existen muchos objetos que hoy por hoy sirven para adornar y entretener a los peques.

Nosotras no te recomendamos privar a tu hijo de ninguno de ellos, pero te damos este consejo: si vas a distraerlo con tales objetos, mantente a su lado mientras eso ocurre.

¿Cuándo darle al niño una almohada para dormir?

Dale a tu hijo una almohada para dormir, si es que notas que le gusta apoyar su cabecita sobre ella, cuando sea capaz de hablar, agarrarla, tirarla por sí solo; es decir, cuando pueda escapar del peligro.

También cuando haya crecido lo suficiente y tenga la musculatura de su cuello fortalecida.

Quizás, luego de los 3 años de edad pueda ser un buen momento. En cualquier caso, eso lo determinarán él y tú.

Solo ten en cuenta, antes de buscar la almohada que él usará, elegir una que sea preferiblemente de esponja y no de otro material. La esponja no alberga mucho polvo y puede lavarse con facilidad.

¡Ah! Y cuando la use, cambia la funda con frecuencia para que esté siempre limpia y no le provoque alergias.

 

Fuente: Eres Mamá